EL LEGADO DE NUESTROS HIJOS EL LEGADO DE NUESTROS HIJOS

El legado de nuestros hijos- Historia de motivación nº3

He tenido una vida muy provechosa, aunque me quede un largo camino por andar. Una de mis máximas siempre ha sido buscar nuevos retos y perseguirlos. Sin embargo, las dos pequeñas luces que iluminan mi vida son sin lugar a duda mis dos proyectos más importantes. Desde que vi a cada uno por primera vez, a partir de ese primer llanto en el que los rodee con mis brazos para abrazarlos, sabía que mi vida había cambiado para siempre. En ese momento, entendí que habían nacido dos personas que eran mucho más importantes que yo.

Me siento afortunado, tuve la suerte de verlos crecer y maravillarme con cada uno de sus pasos. Los he visto triunfar y he celebrado con ellos sus victorias. También, he estado allí en esos momento que la vida nos alecciona con la derrota. Pero nunca, sean buenos o malos momentos, he cesado en recordarles y mostrarles lo maravillosos que son. Así como, que independientemente de lo que suceda siempre los querré.

En el mundo que crecí cada uno era libre de pensar y decir lo que creyese conveniente, la libertad era un valor arraigado en los cimientos de nuestra sociedad. Sin embargo, el mundo ha ido cambiando a pasos agigantados. Es curioso, cuando era pequeño todo parecía ir a cámara lenta. Pero en estos tiempos que nos ha tocado vivir, parece que viajamos a una velocidad de vértigo. Tan rápido ha cambiado todo, que cualquiera de nosotros nunca hubiese imaginado que en tan poco tiempo llegásemos a los extremos actuales.

Cuando todo comenzó a torcerse, la gente empezó a tener miedo. A causa de ello, cada vez fuimos estando más dispuestos a renunciar a nuestros derechos en favor de nuestra supuesta seguridad. Con cada nueva medida, se hacía patente que nuestras libertades mermaban de forma considerable. Sin embargo, ninguna parecía nunca suficiente para mantenernos seguros. Pues, siempre surgía alguna nueva amenaza que hacía necesario renunciar a más. Al final, todo aquello que se salía del discurso oficial fue tildado de extremista, cada acto disidente era puesto en el punto de mira.

Mi mayor sorpresa fue cuando hartos de las condiciones de vida a los que la mayoría nos estábamos viendo abocados, una gran parte de nosotros decidió echarse a las calles en señal de protesta. A partir de ese momento, cualquier acto que tratase de poner en tela de juicio las condiciones a las que estábamos siendo expuestos, fue duramente perseguido y castigado.

Llegados hasta aquí, es cuando mi historia empieza a torcerse. Mi labor como periodista siempre ha sido informar de la forma más imparcial posible. Aunque por más que he tratado siempre de ser objetivo, soy consciente de mis limitaciones, sé que por más que quiera nadie puede ser objetivo al 100%, pues en el fondo todos estamos influidos en mayor o menos medida por nuestro fuero interno. Sin embargo, ello no hace que mi voz merezca ser silenciada, porque toda interpretación de la realidad merece ser, cuanto menos, respetada.

No me considero un agitador como ellos dicen, lo único que realmente quiero es informar, para que cada uno juzgue y hagamos rendir cuentas a aquellos que nos han traído hasta aquí. Y hoy nos preguntamos, ¿Por qué empeora nuestro bienestar? ¿Para mejorar el suyo? No, ni siquiera es eso, se trata simplemente de no querer compartir el que poseen, es por el mero placer que les aporta tener el poder sobre la vida del resto de nosotros. Los realmente agitadores son ellos, nosotros no buscamos destruir nada, únicamente construir un futuro mejor para nosotros y nuestros hijos. Pero a diferencia de ellos, nosotros no buscamos hacerlo a costa suyo.

Entiendo que mis palabras le incomoden, la verdad cuando tiene la fuerza de unir a aquellos que están disgregados por no entender la realidad en toda su amplitud, se torna peligrosa para los que ostentan el poder. Por ello, debido a la relevancia que tiene cada palabra escrita en la búsqueda de la verdad, no puedo ceder. Me han dado la oportunidad de dejar atrás mi delicada situación si me retracto de mis palabras y renuncio de seguir en esta línea. Aunque claro, esto no se trata de una petición en la que me den opción a negarme. Me lo ofrecen bajo la sutil advertencia en la que no hacerlo, me llevaría directo a prisión o destinos peores.

EL LEGADO DE NUESTROS HIJOS

Me encantaría aceptar y volver a la comodidad de mi casa. Realmente, nada me gustaría más que ver como mis hijos ya adultos se casan, envejecen y en la lejanía de los años tras una vida plena, nuestros caminos se separan temporalmente para volver a vernos transcurrido un largo tiempo. Pero es precisamente por ellos que no puedo cesar en mi empeño de denunciar las fechorías de este régimen opresor. Si lo hago, ¿Qué ejemplo les daría? ¿No debemos acaso las personas luchar por aquellas causas que creemos justas?

Siendo del todo sinceros, no sé si estoy haciendo lo que debería hacer. ¿Pero estamos acaso alguna vez convencidos del todo en algo? Yo nunca lo he estado, a pesar de ello, he tomado mis decisiones y seguido siempre adelante. Es verdad que muchas veces me he equivocado, aunque qué relevancia tiene equivocarse. De las cosas que realmente nos arrepentimos, son de las que no emprendemos u hacemos por miedo a equivocarnos.

Si mi equivocación conllevase mi muerte, aun así, sería una buena decisión. Porque seguir mi corazón implica que siempre he sido yo mismo y me he mantenido fiel a mis convicciones. Estos ideales que yo tengo nacen en la idea de que todos tenemos derecho a ir tras aquello a lo que aspiremos y ser libres de pensar sin sentirnos amordazados.

No sé que será de mí, pero dichos ideales que tengo será el mayor legado que les pueda dejar a mis hijos. Las ideas tienen un impacto en el mundo y le dan forma. Incluso, en algunas ocasiones llegan a cambiar el transcurso de la mismísima historia.

No sé, si alguna vez ellos entenderán que deba elegir ser fiel a mis convicciones y recorrer un camino de sufrimiento lejos de ellos. Si no lo hacen, me conformo con no haber claudicado en mi intento de dejarles un mundo mejor. Así como, en que aprendan a seguir su propio corazón en todo momento. No habría mayor regalo en esta vida para mí, que hallar mi fin luchando para que comprendan que sus espíritus siempre serán libres independientemente de las circunstancias.

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