ESCUCHAR TU CORAZON ESCUCHAR TU CORAZON

Escuchar tu corazón – Discurso motivacional nº13

¿Cómo explicarlo, si no es hablándole a él directamente? Escucharte ha sido mi mayor miedo y virtud. Esta última, me acompañará siempre mientras camine de tu mano. Pero también eres mi mayor miedo. Porque, ¿Qué sería de mi si algún día dejo de escucharte? ¿Qué pasaría si empiezo a perderme entre las voces de los que caminan sin rumbo?

La vida me ha golpeado de miles de maneras distintas. En ocasiones, me ha dejado con lo puesto y sin saber que rumbo seguir. No solo eso, los caprichos del destino me han dirigido directo hacia tormentosos remolinos, amenazando todo mi ser. No ha sido bonito, la oscuridad se convirtió en mi día a día, todo se volvía cada vez más oscuro.

No poseía nada más que mi cuerpo y mi mente, todo lo demás se alejaba cada vez más y más. En un mundo repletos de semejantes, yo me encontraba completamente solo. Fue un camino oscuro, en el que a cada paso me enredaba más y más con los rosales de espinas del camino. Siempre han sido bellos, pero mortales cuando olvidaba su naturaleza. Pues enredarte en ellos, es doloroso.

Al final, la luz cesó por completo. Me encontraba secuestrado por esas enredaderas de espino que tanto trataba de evitar. Aunque ni siquiera, sabía cómo había llegado hasta este punto. Por más que gritaba, mi voz no era escuchada. Solo mi propio sonido agónico, atestiguaba que efectivamente había hablado. Pero cuan cruel la vida, cuanto más me oía, más era consciente de mi desesperación. Por lo que en mi particular vorágine destructiva, me estaba sumergiendo cada vez más y más.

Sin embargo, hubo algo que siempre me hizo mantenerme en pie. No sé exactamente cómo sucedió, pero te descubrí a ti. Sin saberlo, estaba comenzando a escuchar lo más valioso que tenemos las personas. Para ti, no era suficiente con latir en mi pecho y permitirme existir. Por lo que seguiste tu instinto y presionaste mi espíritu, resquebrajaste todo mi ser para recordarme quién quería ser y todo lo que podía dar. La verdad es que era un dolor inmenso. Solo aquel que se ha encontrado perdido, sabe del dolor que estoy hablando. Porque cuanto más tratas de acallarlo, más te grita al oído lo que tú no eres capaz de decirte a ti mismo.

En cada latido, enviabas a cada parte de mi cuerpo todo lo que yo no quería oír. Aunque sea repetitivo, que dolor tan inmenso. Pero en esos momentos próximos al colapso absoluto, fue cuando sucedió la magia. Porque por primera vez en mi vida, te escuché sinceramente. Tenía miedo y estaba asustado. Pero te seguí, decidí seguir mi corazón fuera cual fuese el precio. Tú me dijiste que actuara siempre dando lo mejor de mí. Así que eso hice. Cada una de mis acciones, estaba guiada por toda mi pasión. Aquella que te guía a darlo todo sin importar las circunstancias. Porque el resultado, no es lo que importa. Sino ese amor que brota de ti con cada acto. Tú me enseñaste, que esa sería la mayor recompensa que me llevaría de esta vida.

Increíblemente esto no me debilitó, en contra de lo que creía. Sino que empezó a permitirme mantenerme más enfocado y firme que nunca. Es verdad, las enredaderas clavadas en mi cuerpo dolían. Pero aun así, trataba de colocar cada ladrillo en su sitio. La vista me fallaba ante tanta oscuridad. Por lo que cada paso, podía acabar en un inmenso vacío que acabara para siempre conmigo. Sin embargo, me aseguraba de que fuese mi corazón el que me guiase. Me podían fallar los ojos, pero sabía que el camino estaba ahí. Desde el interior, mi voz rugía con fuerza dictándome el camino. Incluso, si me hubiese llevado a la completa la destrucción, ese era mi lugar en el mundo. Porque por primera vez, mi destino me pertenecía.

Es verdad que me sentía solo, como no sentirlo si recorría un camino solitario. Pero mi objetivo no era cumplir las expectativas de los demás. Mi objetivo era y es, ser fiel a mí mismo. Si eso implicaba quedarme solo, así debía y debe ser. La brújula de mi interior apunta directo hacia mis sueños, es el único motivo de que toda esa pasión surgiese en mí y pudiese escucharte. Por ello, no puede haber otro camino que no sea este.

La clave de todo siempre fuiste tú; el amor en cada paso y la pasión por perfeccionarme hasta mis límites. Pero sobre todo, escucharte de forma sincera. Gracias a ello, mi cuerpo se agrietó. Aunque no lo hizo para destruirme. Sino para que saliese a la vista, la luz oculta bajo mi cuerpo.

ESCUCHAR TU CORAZON

Al principio, era difícil ver qué iba a salir de esas grietas. Pero fueron creciendo cada vez más y más. Al final, todo mi caparazón colapso. La misma luz que hay en el sol, brotó de mí. Si hoy soy feliz conmigo mismo, es gracias a que te escuché. Así que querido corazón, gracias por guiarme. Porque mientras tu seas mi espada, podré morir, pero siempre seré invencible.

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