EL SENDERO DE LA VIDA

El sendero de la vida – Historia de motivación nº1

Hace años, conocí la historia de un hombre que se enfrentó a un drama inimaginable para la mayoría, nadie nunca debería pasar por situaciones como las que tuvo que soportar en el despertar de su madurez. Juan había hecho lo que la mayoría de personas a su corta edad, estudiar, ser un poco rebelde, fantasear con el futuro que trataba de construir, e ir a toda clase de eventos sociales propios de la juventud.

Sin embargo, un día toda su vida salto por los aires. Mientras se encontraba de viaje como estudiante por Europa, un terremoto devastó por completo la ciudad en que vivía. Ese viaje de crecimiento y desarrollo personal, se vio interrumpido por una tragedia inesperada y devastadora. Nada más hacerse eco de la noticia, no quería sino volver para estar con los suyos. Toda su familia, amigos, e incluso su pareja se encontraban en ese momento en dicho país. Pero todos los viajes habían quedado suspendidos, a ciencia cierta, nadie sabía bien cuál era el estado de la ciudad, pues todas las comunicaciones habían cesado y la información que llegaba era confusa.

A los pocos días, cuando por fin logró regresar, pudo comprobar cómo casi todo lo que había cerca de su ciudad se encontraba devastado. El epicentro del terremoto tomó su origen en la zona más céntrica de la ciudad, la cuál había sido prácticamente borrado del mapa. Para más inri, este era precisamente el lugar en el que vivían todos sus allegados. Nada, salvo el silencio y un intenso frío que erizaría la piel a cualquiera, se podía sentir ya en ese lugar. Por más que buscó durante meses en los escombros y acudió a todos los campos de refugiados, no volvió a ver a nadie de su vida pasada.

EL SENDERO DE LA VIDA

Sin lugar a duda, fue el golpe más duro que nunca debió afrontar. ¿Cómo nos sentiríamos si todos cuantos conforman nuestra realidad más cercana, desapareciesen de un día para otro? La soledad se hizo su amiga más íntima, los días pasaban junto a él y cada vez más aislado de todo, hasta la vida empezó a perder su sentido.

¿Qué sentido tiene la vida, si no es compartir nuestra felicidad con aquellos a quienes queremos? Se preguntó Juan una y otra vez en su soledad. Un terrible dolor apresó su corazón y lo condujo por rutas que hicieron temblar los pilares de su existencia ¿Por qué seguir viviendo ahora? Esta fue una cuestión que empezó a rondar su cabeza día tras día, semana tras semana y año tras año.

A sus 25 años, quien en otro tiempo había sido un joven estudiante con un futuro prometedor, vivía ahora en la calle y dormía en medio de la basura, en los fríos y húmedos rincones de otra gran ciudad. Sin saberlo, había tenido todo cuanto ahora consideraba imprescindible en la vida. Pero la vida, decidió noquearlo de tal manera que lo dejó casi fuera de juego. Solo unos centímetros más, hubiesen bastado para expulsarlo del ring. A estas alturas de su recorrido por el mundo, sentía que ya había vivido suficiente, así como que iba siendo hora de reunirse con su creador. Al menos así, creía que dejaría de sufrir.

En ese momento, al límite del colapso y a punto de desmoronarse su existencia, sucedió lo inimaginable. Como cada día, Juan fue a rebuscar entre la basura algo para comer. Sin embargo, oyó algo que lo dejó completamente petrificado, un llanto sonó en medio de todos esos desechos. ¡Allí había un bebé! No podía parar de pensar cómo alguien podría haber hecho eso, ¿Quién dejaría a una criatura así de indefensa a su suerte?

Juan se apresuró como si no hubiese mañana a sacar al niño de ese estercolero y ponerlo a salvo. Ante esta situación, se encontró totalmente abrumado, no sabía que hacer ni donde acudir. Los orfanatos cercanos eran un nido de predelincuentes, así como una fábrica de futuros adictos a sustancias y hábitos nocivos. Sin embargo, el no sabía cómo cuidar a esa pequeña criatura, pues nunca se había preparado para formar una familia. Ya que, con el amor de su vida había muerto esa esperanza. Pero en ese momento tomó la decisión que, según él, se convirtió en la decisión más importante de su vida, cuidar de esa pequeño como si fuese su hijo.

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No quería, ni podía dejar una vida inocente a su suerte. Pues temía que ese niño acabase perdido en los mismos caminos por los que él ha estado transitando. Así que decidió luchar para darle la oportunidad de un futuro mejor al suyo. No estaba dispuesto a permitir que la vida de ese pequeño se dirigiese hacia su mismo abismo. Él sabía muy bien el dolor de sentirse solo en el mundo y no iba a ser cómplice de su padecimiento por otra persona.

A partir de ese momento, Juan empezó a cuidar a ese pequeño. No solo eso, empezó a cuidarse también a si mismo y los sacó de la calle. Al poco tiempo se encontraba trabajando y con un techo sobre sus cabezas. Más pronto que tarde, la alegría empezó a volver a inundarlo todo en su vida, ese niño le había devuelto la sonrisa. No, no solo eso, le había devuelto la vida según sus propias palabas.

Desde que llegó a su vida, había vuelto a estudiar, trabajaba duro por mejorarse como persona y no pensaba en otra cosa que en buscar la forma de que esa pequeña luz que iluminaba su vida, tuviese un ejemplo de que pase lo que pase podemos ser felices. Los días, meses y años volvieron a pasar. Pero a partir de este momento, no fue una vorágine de destrucción, tampoco un camino de rosas, aunque si, una vida enfocada en lo bello que este mundo nos puede ofrecer.

Hoy es un día triste para mí y para todos aquellos que le conocimos, porque como a todos en algún momento de nuestra vida, la muerte ha venido cobrar su deuda por el tiempo que hemos tomado prestado para existir. Sin embargo, aunque este vacío que ahora siento me hace padecer su muerte, en el día de hoy celebramos su vida. Para muchos fue una gran persona, alguien inigualable y otros muchos calificativos que son testigos de lo increíble que fue. Pero para todos nosotros fue mucho más que eso.

No exagero al decir que todos nos sentíamos agradecidos de existir al estar en su presencia. Así como, nos transmitía esa plenitud y serenidad a los que pocos son capaces de llegar. Porque a pesar de todo lo tuvo que soportar, encontró la manera de vencer al dolor y vivir plenamente. Él me ha enseñado que el sufrimiento es pasajero y que siempre hay luz al final de la oscuridad. Pero también que, si el porqué es lo suficientemente fuerte, todo se puede superar.

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Yo he tenido más suerte si cabe. Porque para mí, no solo fue mi mejor amigo, mentor, guía y un largo etcétera. Sino que él, siempre fue, es y será mi padre. Me siento orgulloso de haber formado parte de su vida y que el haya formado parte de la mía. Todo cuento soy se lo debo a él, me lo diste todo. Literalmente, me sacaste de la calle cuando estaba completamente indefenso. Si hoy soy quien soy, en parte es gracias a ti. La luz con la que iluminabas el mundo hoy se apaga, pero estoy seguro de que no eres capaz de imaginar haya donde estés, el gran legado que nos has dejado.

Este mundo nunca volverá a ser el mismo tras tu paso, con cada uno de tus actos lo volviste un lugar mejor. Nos enseñaste que vivimos en un lugar maravilloso y que le vida por muy dura que sea, merece ser vivida. No encuentro forma humana, palabras, ni lágrimas capaces de expresar el profundo agradecimiento que siento, pero tengo que tratar decirlo de algún modo. Gracias por existir y haber elegido ser mi padre, gracias por enseñarme que siempre podemos alcanzar la felicidad independientemente de la situación en que nos encontremos, pero, sobre todo, gracias por todos los momentos que has compartido conmigo. Mientras viva, nunca te olvidaré.

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